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lunes, 12 de diciembre de 2016

¿Un historiador?

¿Un historiador?

Consciente o inconscientemente esta habrá sido la pregunta que se habrá hecho alguna vez un reclutador, al encontrarse, delante de él, un recién titulado en historia para una vacante en una empresa que nada tiene que ver con el ámbito cultural.

Quien decida estudiar Historia, en algún momento, desde su decisión de hacerlo, durante sus estudios y tras estos, escuchara expresiones del tipo: “¿y ESO (historia) para qué sirve?”, “¿Qué salidas tiene?”, “Ah, Historia del arte”, “¿Historia de qué?”, “¿para ser profe?”, “A mí me aburre”, “debe haber muchas plazas libres”, “Es una carrera de gente mayor”. Y un sinfín más de hachazos al corazón del historiador o protohistoriador.

El historiador, y el estudiante también, aparte de poder ejercer como tal, también pueden ser un valor a tener en cuenta para cualquier tipo de empresa que se aprecie. En mi opinión, algunas de las habilidades que desarrollan, además de las intrínsecas de cada uno, son las siguientes:

Gran capacidad de análisis:
¿Por qué? Tiene la buena costumbre de analizarlo todo desde el máximo de perspectivas posibles.
¿Y en la empresa?: Harán lo mismo.  Analizaran con el máximo nivel de profundidad posible para poder interpretar y explicar con detalle aquello que analizan. Lo pondrán en relación.

Imaginación:
¿Por qué? Dejan volar su imaginación para poder comprender épocas y culturas en las que no han vivido. Se transportan a otro mundo
¿Y en la empresa?  Verán oportunidades, tendrán ideas, querrán experimentar con el punto justo de locura. En un momento en el que es tan necesario innovar y diferenciarse, el historiador tendrá mucho peso.

Crítica – Cuestionar lo establecido:
¿Por qué? Todos sabemos que la historia está escrita por los vencedores, que se ha utilizado por el poder, etc. Por ello, el historiador siempre pondrá su ojo crítico en aquello que lea.
¿Y en la empresa? Revisará, buscará nuevas formas de hacer algo, y se cuestionará el porqué de las cosas.
En este último punto, la empresa puede asustarse y confundir esa actitud por una postura contraria a la misma, cuando en realidad busca empujar a la empresa a mejorar.

Transmitir:
¿Por qué? No es suficiente con que el historiador entienda lo que lee o descubre. Tiene que saber transmitirlo.
¿Y en la empresa?  Tendrás un empleado con una buena habilidad para poder formar, tratar situaciones delicadas, vender un producto, entre otras cosas.

Comprensión – Empatía:
¿Por qué?  No juzgan el pasado,  buscan entender los procesos, los estilos de vida. Esto les lleva a conectar y ponerse en la situación de alguien que quizás vivió hace más de 2000 años.
¿Y en la empresa?  Esta capacidad de ponerse en el lugar del otro puede ser útil en un departamento de RRHH,  en situaciones en que es necesario un mediador, mostrará interés y comprensión por todo aquello diferente a él.


Seguramente, el historiador, no responderá al perfil habitual esperado en el mundo de los negocios: posiblemente no tendrá la agresividad que acostumbra a verse en una oficina, quizás tengan convicciones muy fuertes, tal vez tengan un punto de rebeldía o  de no aceptar todo a la primera. Pero, les invito a traspasar esta capa superficial y, ajustándose a la relación laboral, déjense sorprender por el empleado que un día decidió estudiar historia.